El miedo a volar es un sentimiento que ha estado en muchas personas desde hace tiempo, pero gracias a que transportarnos por el aire se ha vuelto tan común, este inconveniente se hizo evidente en los últimos años.
Es por eso que queremos invitar a quienes lo sufren, a tomar la iniciativa de enfrentar el problema y superarlo, ya que sin lugar a dudas… ¡Es posible!
El miedo a volar puede convertirse en un desafío pero, antes de arrancar con el contenido de esta nota, quería contarles cómo surgió la idea de tratar este tema, desarrollarlo y compartirlo con ustedes.
Todo nació a partir de que, quien les habla, desarrolló en un momento el miedo a volar, sí, yo soy uno de esos casos en donde al principio volaba normalmente y luego de haber pasado por una experiencia poco feliz me traumé y desde aquel entonces subir al avión se ha convertido en una especie de tortura para mí.
Es por eso que comencé a investigar sobre cursos y métodos para erradicarlo; y de pronto pensé que estaría bueno compartirlo con ustedes ya que, según las estadísticas, el 80% de los pasajeros tienen al menos un mínimo de temor, y dentro de ellos hay una mitad que directamente la pasa muy mal arriba del avión.
Aparte tengan en cuenta algo muy importante, a lo mejor alguno de ustedes no tiene el miedo a volar, pero sin embargo es interesante que se informen sobre qué hacer en caso de que tengan un amigo, familiar o, eventualmente, un pasajero nervioso al lado.
A partir del momento en que decidimos hacer esta nota, lo que hicimos fue asistir con Diego al Centro de Formación y Entrenamiento de Pilotos de Aerolíneas Argentinas “CEFEPRA”, donde se dicta el curso de “Animate a Volar”, el cual recomendamos absolutamente, y al cual pueden inscribirse de forma gratuita enviando un mail a animateavolar@aerolineas.com.ar. Desde este espacio vaya un agradecimiento a todo el equipo de Aerolíneas Argentinas/Austral que nos recibió y ayudo a aclarar las dudas.
Tuve la gran oportunidad de entrevistar al Comandante Carlos Rinzelli para que nos simule que es lo que sucede cuando realizamos un vuelo y al psicólogo Dr. Jaime Zaragoci, que nos brindó su conocimiento para poder trabajar este tema desde la parte mental, a ambos un enorme agradecimiento desde ya.
Como verán, solucionar este problema requiere entender el aspecto psicológico, y otro que sería el conocimiento técnico, para intentar cambiar la manera de pensar cuando nos subimos a un avión y a la vez entender cómo funcionan y porque son tan seguros.
Desde luego que esta nota sobre el miedo a volar es un resumen de todas las herramientas que podemos usar para perder el miedo. Entenderán ustedes que no podemos hacer de esto un manual técnico, y tampoco una terapia psicológica puesto que, si bien el miedo a volar tiene denominadores comunes en todas las personas cada una es un mundo y una historia diferente; pero si queremos tener la iniciativa de invitarlos a que ataquemos el problema y los superemos juntos.
DERRIBANDO MITOS:
Uno podría pensar que, cuando nos subimos al avión, estamos depositando nuestra vida en un artefacto tripulado que en cuanto despega se encuentra en una situación de híper vulnerabilidad, ya que no es otra cosa que un gran cuerpo metálico que se suspende en el aire. Que es un cuerpo metálico suspendido en el aire es cierto, pero categóricamente podemos afirmar que no se encuentra jamás en una situación de vulnerabilidad.
Esto es así porque en los aviones se desarrolla una cultura operativa que hace que los errores sean detectados en fase temprana, en otras palabras, la idea es que al error nunca llegué a provocar una situación de peligro, y mucho menos un accidente. Por ejemplo, supongamos que planteamos un error que provoque la falla de un motor, ese motor primero va a ser diseñado en una fábrica bajo estrictos controles y observaciones, posteriormente va a ser testeado en pruebas de sometimiento a fríos extremos y peores de los que puede enfrentar en la realidad, a ingesta de agua, e incluso a ingesta de solidos como ramas, piedras, tuercas, y en todos los casos el motor debe responder impecablemente para ser aprobado, posteriormente el motor ya instalado en el avión pasará por un “vuelo de aceptación” por parte de la compañía que lo compre y allí será sometido a maniobras de riesgo, las cuales deben ser superadas satisfactoriamente también, y por último, ya cuando el avión está operando, ese motor pasará por chequeos antes y después de cada vuelo, un chequeo semanal más extenso aún, otro mensual nuevamente más extenso, otro anual también más extenso, y luego uno cada 4 años aproximadamente (o menos si el avión se pone más viejo) donde se lo desarma por completo.
Pero supongamos que justo nos toca la mala suerte de que ese error saltó todas esas barreras y se nos rompe en pleno vuelo, no es ningún problema ya que se vuela perfectamente con el otro motor, y supongamos peor aún que se paran ambos motores, en ese caso el avión puede llegar planeando perfectamente al destino o al aeropuerto más cercano. De hecho, ustedes se preguntarán como yo en su momento también, si los aviones planean, y cuando le hice la pregunta al comandante se me río y dijo: obvio, ¡todos los aviones en el mundo bajan a su destino planeando! Se ponen los motores en ralentí o punto muerto y se comienza a bajar.
Así como ejemplifiqué con los motores, pasa con todo lo demás: alas, sistemas hidráulicos, software, e incluso con el entrenamiento de los pilotos, tripulantes de cabina, mecánicos, e ingenieros, jamás un error puede tirar un avión, y volvemos a insistir, esto es un resumen así que piensen que la cantidad de chequeos que sufren los motores y demás componentes del avión son incontables y de todo tipo.
CAMBIAR LA MANERA DE PENSAR

Cuando volamos estamos utilizando un medio de transporte que desarrolla su trayecto en un medio no habitual para el ser humano, y ese es el motivo por el cual las ideas irracionales se disparan con mayor facilidad, podemos decir que lo mismo nos podría pasar si viajamos en un barco.
No está mal afirmar que la idea es “perder el miedo a volar”, pero es importante entender que en realidad lo que debemos hacer no es combatir el miedo, sino erradicar la idea de que subirnos a un avión es peligroso, porque en realidad el miedo es una consecuencia lógica y razonable de estar en una situación peligrosa, sea esta real o fantaseada.
Si entendemos que al subirnos en un avión estamos en un medio de transporte súper seguro, automáticamente no habrá porque temerle, ahora bien, recién les comentaba que una situación peligrosa puede ser real, como por ejemplo que un ladrón nos apunte con un arma, o puede ser fantaseada, como sería el caso de pensar que al subirnos a un avión estamos en peligro, el problema es que el ser humano frente a una situación real de peligro eventualmente optaría por dos opciones, atacar el problema o huir.
En cambio cuando hablamos de un peligro que es producto de la fantasía lo que ocurre es que nos inmovilizamos, nos congelamos y no nos permite actuar ni resolver nada, a medida que avanzamos erróneamente en la idea de que volar es peligroso, vamos creando pensamientos e imágenes consecuentes con ese miedo, y es ahí donde llegamos al problema, que nuestro inconsciente no diferencia entre lo que es real y lo que es una fantasía.
Entonces, al momento de subirnos al avión podríamos ser consientes que ese vuelo se va a desarrollar con absoluta normalidad, pero nuestro inconsciente nos traiciona haciendo que vivamos esos momentos como si realmente estuviéramos en peligro y a punto tal de pensar que en cualquier momento el avión se puede caer.
¿Cómo solucionar esto?
El primer paso es hacer terapia, para que podamos utilizar todos los medios con que contamos para generar mecanismos de pensamientos diferentes; poder cambiar un pensamiento implica inmediatamente poder vivir emocionalmente de otra manera, e inmediatamente, tener una conducta diferente al respecto, el objetivo es poder modificar el pensamiento para cambiar la conducta.
Había comentado también que deben tomar nota aquellos que no tienen miedo a volar por dos razones; la primera es que a lo mejor no tiene problemas en subirse en un avión, pero puede tener un ataque de pánico si le toca pasar por una experiencia poco amigable, en dicho caso el diagnóstico es el mismo que el que planteábamos anteriormente; por otra parte piensen en que hay que ser solidarios con quien sufre el problema, ya que verdaderamente hay personas que la pasan muy mal.
Es por eso que siempre va a ayudar el mantener un clima de alegría, sonrisas, chistes, y contención en los momentos previos a un viaje.
PARA TENER EN CUENTA:
¿Por qué un avión vuela?
A muchas personas les pasa que, como el aire no se ve, existe la sensación de que en cualquier momento el avión se puede caer, esto es IMPOSIBLE.
Las alas se construyen de manera tal que se produzca el efecto aerodinámico que describe el Teorema de Bernoulli, es decir, en base a la forma del ala se logra una mayor velocidad del aire que pasa por la parte superior, y por ende disminuye la presión en comparación con la parte inferior, y eso sustenta el avión; del mismo modo que una tabla de madera flota por el Principio de Arquímedes.
¿La turbulencia puede arrancarle un ala a un avión?
No.
El avión está diseñado para soportar un 50% más de lo que puede encontrar en el grado 6 de turbulencia (que se encuentra en los huracanes), eventualmente pueden ser peligrosas para un pasajero que no tenga colocado el cinturón de seguridad ya que se puede golpear. De todas formas las turbulencias se esquivan, pero sólo por confort del pasajero.
¿Un rayo puede dañar un avión?
No.
De hecho los impactos de rayos son muy comunes y lo único que llegan a provocar es un agujero del tamaño de una moneda de 5 centavos, el avión actúa como una jaula de Faraday, por lo tanto no hay riesgo alguno ni para los pasajeros ni para el avión.
¡Claro, un avión no se cae nunca, pero cuando sucede no se salva nadie!
Falso.
Basta ver por ejemplo que en el año 2017 la cantidad de muertos en accidentes de aviones reactores en el mundo fue 0, y alrededor de 13 en accidentes de turbohélice. Piensen que vuelan por día alrededor de 200.000 vuelos en todo el mundo; ustedes me podrían decir eventualmente que los accidentes fueron muy leves, y es cierto, como también es verdad que ha habido accidentes muy fuertes en los cuales se registró una alta tasa de superveniencia. Sin ir más lejos, no hace mucho un avión se desplomó en México y todos sus ocupantes se salvaron.
Si sentís miedo, ¡pedí ayuda a los tripulantes de cabina!
Cuando te subas a bordo del avión, informales a los tripulantes de cabina que te sentís mal o estas incomodo con viajar, ellos están preparados para atenderte y ayudarte.
Pueden reubicarte en otra clase mejor o en un asiento donde el avión se mueva menos, te pueden presentar al comandante y que veas la cabina para que ellos te transmitan la tranquilidad de que todo está perfecto, darte charla y calmarte, entre otras posibilidades.
¡No te auto mediques!
Sólo hay que hacerlo luego de haber recurrido a un profesional que te haya recetado algo.
Tomar un fármaco sin receta puede llegar a provocar efectos no deseados, más aún los tranquilizantes.
¿Volar en una aerolínea Low Cost es menos seguro?
Para nada.
La normativa internacional es muy clara y se aplica por igual a todas las aerolíneas del mundo. Una aerolínea Low Cost sólo puede ahorrar en cuestiones que no hacen a la seguridad, como por ejemplo no servir gaseosa (o cobrarte si te la sirven), operar en aeropuertos más alejados, entre otras medidas, pero nunca ahorrar en seguridad.
Llegar con tiempo y tranquilos al aeropuerto.
Si vamos al aeropuerto nerviosos por el vuelo, lo peor que podemos hacer es inflar ese nerviosismo no durmiendo bien, llegando a las corridas, e imaginando problemas.
Lo mejor es alimentarse bien (normal, no comer mucho pero tampoco nada), leer un libro, o hacer algo que nos distraiga.
No tengas vergüenza.
Suele suceder que cuando subimos a un avión, vemos a los demás pasajeros tranquilos, riéndose, e incluso vemos niños que sin ningún problema se colocan los auriculares y se ponen a ver películas, entonces quienes tienen miedo y están aterrados piensan “no digo nada porque mira, a ellos no les pasa nada, entonces ¿cómo me puede estar pasando esto a mí?”.
Es importante que sepas entenderte a vos mismo primero y comprender que cada uno tiene sus problemas y es normal, en todo caso lo anormal sería hacer de cuenta que no existen e ignorarlos.
Paso a paso, tiempo y paciencia:
Cada persona es un mundo y no hay un tiempo predeterminado para sanar este miedo a volar, puede que con una pequeña charla sea suficiente, o a lo mejor meses, pero en cualquiera de los casos las estadísticas demuestran que el 99,9 % de las personas que participan de un curso para perder el miedo a volar se curan.
Como dice el dicho y para finalizar, no es valiente quien no tiene miedo, sino quien lo tiene y lo enfrenta!

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